Montejurra: Crimen de Estado

Mucha gente piensa que el carlismo sigue siendo una ideología anacrónica, anclada en el siglo xix y que no ha tenido ningún tipo de relevancia en el siglo XX más allá de lxs requetés que apoyaron a Franco. Pero manteniéndose fiel a sus raíces foralistas y sociales, el carlismo ha tenido una importancia capital (pero silenciada) sobre ese proceso mal llamado transición en el que se quitó a un fascista con gorra de plato para poner a un fascista con corona a la cabeza del estado, cortando de raíz (y cuando digo de raiz es literal: la cantidad de asesinadxs por el fascismo y las fuerzas parapoliciales durante la transición no es ninguna tontería) todas las aspiraciones revolucionarias que se vieron ahogadas por la zarpa fascista.

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Ni olvido ni perdón. Imagen vía @Anarcocarlismo

La mal llamada transición recayó principalmente en tres figuras o pilares políticos: el primero, la unidad territorial del estado español, claro heredero de las tesis franquistas por las cuales había que mantener vivo el estado español costase lo que costase, negando cualquier proceso verdaderamente federalista “desde abajo” y el derecho a decidir de los pueblos. El segundo pilar es el referido al sostenimiento del modelo capitalista de producción, y en esta cuestión ha de contextualizarse la cuestión un poco más: durante los años 70, occidente pasaba por la “crisis del petróleo”, y el estado español no fue ninguna excepción. Los altos niveles de inflación hicieron que la oligarquía económica fraguase los denominados “pactos de la Moncloa” que atrajeron a organizaciones contestatarias de la talla del PCE, PSOE o CCOO. En este sentido se hace importante señalar que la CNT dado su peso histórico y militante por aquel entonces era una fuerza que traspasaba el marco sindical para convertirse en un actor político de primer orden (Martin Villa, ministro de gobernación, decía que lo que realmente le preocupaba era el movimiento libertario); lo cual pagaría con su propia sangre al negarse a firmar estos Pactos de la Moncloa. Más adelante explico la importancia de este apunte.

Por último, y volviendo a la enumeración de los pilares en los que se asentó la transición, nos encontramos con la figura de Juan Carlos de Borbón y Borbón, que había de sellar el pacto por el que la elite fascista pasaría a ser elite liberal porque necesitaba mantenerse en el poder para no perder los privilegios que el régimen de Franco le había otorgado. Este hombre había sido designado por Franco como su sucesor, y convenía a las elites mantener a una figura como la de Juan Carlos como garante de su estatus, que dotaba de “legitimidad histórica” y política al incipiente régimen, por lo que juró por dios y por los santos evangelios cumplir y hacer cumplir las leyes fundamentales cumpliendo lealtad a los principios que conforman el movimiento nacional que fundó Franco de la mano del fascismo.

He aquí donde entra en cuestión el movimiento carlista, que desde hacía ya un tiempo, desde Javier I (que participó activamente en la ressistence antifascista francesa, por lo que acabó en el campo de exterminio de Matzweiller)  el movimiento carlista se había alejado del fascismo tras el decreto de unificación de fuero, retomando sus raíces foralistas y sociales (intelectuales de la talla de Unamuno o Baroja se refieren al carlismo como el “Socialismo de alpargata”) enemigas del centralismo y la capitalización de los bienes de producción, elementos propios del fascismo. En torno a finales de los años 60, el movimiento carlista repunta de nuevo ante la más que probable elección de Juan Carlos como sucesor de Franco, llegando incluso a boicotear varios actos presididos por el “príncipe”. Por ello, y ante la peligrosidad que supone la figura de Javier I de Borbón-Parma y su hijo Carlos Hugo abanderando un movimiento antifranquista, Franco decide expulsar a toda la familia real carlista en 1968, exiliándose el pretendiente Carlos Hugo en Holanda. Una vez el camino limpio y claro hacia el trono, Franco nombra como sucesor a Juan Carlos de Borbón y Borbón, a titulo de rey.

Sin embargo, el movimiento carlista continúa, convirtiendo cada año la conmemoración de la batalla de Montejurra en un acto político que llega a convertirse en punto de encuentro de las fuerzas progresistas estatales, y participando en la creación de la Junta Democrática junto al PCE, CCOO o el PSP de Tierno Galván (¡Que reaccionarios y fascistas son los carlistas!), por lo que el movimiento carlista se configura en estos momentos como una grave amenaza para la supervivencia del régimen fascista y del que le va a suceder; y por ello, este nuevo régimen tendría como prioridad desmantelar el movimiento carlista, deslegitimándolo de cara a la gente.

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Ferran Lucas, de las CCOO de Catalunya, socorrido tras ser agredido por integrantes del bando sixtino.

Es aquí donde entra a jugar la OTAN y la CIA, y es cuando se hace necesario el volver a contextualizar. Años 70, crisis del petróleo y enorme avance de los movimientos rupturistas  a nivel europeo: en Portugal el régimen de Salazar esta en las ultimas y en el estado italiano se dan en esta época los anni di piombo (años de plomo) en los que la volatilidad de los gobiernos se traduce en una gran conflictividad social. En el estado español, más de lo mismo: Franco y su régimen agonizante dan sus últimos coletazos. En este contexto, era fácil que el sistema capitalista se viera fuertemente golpeado por los movimientos populares en la europa occidental, algo totalmente inaceptable para el capitalismo, que mantenía una dura pugna ideológica con el bloque comunista del este. Es en este contexto en el que comienza a actuar la denominada “Operación Gladio”, cuyo principal objetivo era el sostenimiento del estado imperante en cada rincón de la europa occidental principalmente a través de las operaciones de “falsa bandera”: es decir, mediante la financiación y dirección de la OTAN y la CIA los integrantes de la operación Gladio cometían un acto terrorista con la connivencia del aparato burocrático del estado en el que iban a operar, atentado del que luego culpaban a las organizaciones rupturistas. He aquí la importancia del apunte anterior sobre la CNT, porque la central anarcosindicalista fue un caso paradigmático de estas operaciones de “falsa bandera”: desde el denominado “Caso Scala” la CNT no ha vuelto a tener la importancia de la que gozaba, ya que mientras la justicia callaba, la prensa enjuiciaba al sindicato anarquista declarándola culpable de la muerte de cuatro trabajadorxs, quedando deslegitimada y perdiendo una gran cantidad de militantes dada la imagen creada de ella. Posteriormente, quedaría clara la implicación de la operación Gladio en estos hechos.

Es a través de este entramado neofascista creado por la OTAN y la CIA como el estado español desestabilizará el movimiento carlista en la procesión de Montejurra del año 1976; ya que detrás de lo que parecía un tiroteo desorganizado y lo que Fraga vendría a llamar “una riña entre hermanos”, había un apoyo logístico y de coordinación demasiado grande para lo que era el movimiento sixtino, un movimiento organizado por el propio gobierno de Arias Navarro que tenía como abanderado a un ultra de la talla de Sixto Enrique con filias muy claras al fascismo italiano y al régimen de Pinochet. Además, llama la atención que de la noche a la mañana se logre montar un movimiento de la talla del sixtino ya que ni siquiera el príncipe Sixto Enrique era conocido entre el movimiento carlista: es evidente que alguien lo aupó.

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Antifascismo militante: carlistas defendiendose de la agresión fascista en Montejurra ’76.

Ejemplos de este apoyo hacia la denominada “reconquista de Montejurra” por el bando sixtino provisto por el estado español son las cajas vacías de munición del ejercito vacías en la cumbre de Montejurra tras el tiroteo, el aislamiento que sufrió la localidad durante esos días (porque no convenía que tal operación quedase a la vista pública, incluso se desvió la “Vuelta Ciclista a españa” hasta Tafalla), la ausencia y actitud de la Guardia Civil en la cumbre de Montejurra (que para evitar que Carlos Hugo se mostrara públicamente en el mitin y que este mitin no se pasara de “rojo”  tradicionalmente se desplegaba un fuerte y agresivo contingente de Guardias Civiles) hacia la presencia de personas armadas allí, la presencia de individuxs integrantes de fuerzas de carácter fascista en el plano internacional del tamaño de la OAS o de la Alianza Anticomunista Argentina junto a un gran número de exmilitares y ex-guardias civiles; la protección por parte de la policía de la que se vio beneficiado Sixto Enrique tras los sucesos de Montejurra, ya que esta le acompaño hasta el mismo avión que habría de tomar para evitar ser juzgado por sus actos; la colaboración manifiesta del SECED (Servicio Central de Documentación, antecedente del CSID y que posteriormente pasaría a ser conocido como CNI) que facilito apoyo económico al bando sixtino; o la aprobación de este plan por parte de Manuel Fraga y el general Juan Valverde.

No voy a contar los hechos que sucedieron el propio dia 9 de mayo de 1976 porque considero que hay relatos lo suficientemente buenos como para que yo vuelva a exponerlos aquí mismo. Si a alguien les interesa, podeís leer este artículo del  E.K.A. (Euskalherriko Karlista Alderdia) en el que se recoge el informe hecho por el general Saenz de Santamaría en este enlace. También es muy recomendable este artículo del blog preS.O.S.

La mal llamada transición no fue ni mucho menos pacífica y modélica: se levantó sobre los charcos de sangre de mucha gente que se negaba a aceptar a Juan Carlos como sucesor, continuador y legitimador del régimen fascista impuesto por el general Franco, gente como Ricardo o Aniano que la historia oficialista se ha encargado de borrar de sus annales, limpiando sus manos de la sangre de víctimas inocentes cuyo delito no fue más que ser antifascistas en un tiempo y un lugar en el que serlo podía pagarse con la vida.

Sirvan estas líneas cómo pequeño homenaje a la memoria de Ricardo y Aniano, así como a la de todas aquellas personas a las que su vida fue arrebatada por luchar contra el fascismo y el liberalismo en todas sus formas y expresiones.

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