Pasando por el aro

Hoy no se por qué, pero intuyo que dias como el de hoy son dias importantes en la vida de las personas, dias que nunca serán grabados en color dorado sobre bandas tricolores ni que serán esculpidos en sillares de piedra, pero que al fin y al cabo, son tambien parte de la vida de todas y cada una de esas personas que mueven el mundo dia si y dia también, sin reclamar todo aquello que legitimamente les pertenece. Son de esos dias que en el momento no son valorados pero que se quedan grabados en la memoria de cada persona pero que el tiempo borrará si o si. Pero ojo, no digo que sea un dia para celebrar o para sentirse feliz, es simplemente un dia que es importante para cualquier currito de esos que siempre han abundado por las calles del pueblo en el que vivo. Me explico.

DSC_0603Desde chiquitico, todos los veranos e inviernos me los pasaba en el campo y como es normal (porque es un invento de la modernidad que lxs niñxs crezcan aisladxs del trabajo y los elementos) pues siempre andaba echando una mano a las labores propias: regar, quitar sierpes, escalfar… pero de hace unos cuantos veranos e inviernos a este tiempo, he comenzado a ganarme un jornalillo, y a pesar de que es un trabajo extremadamente sacrificado y esclavo (porque no se conoce más horario que el que impone el sol, sin pagas extra, sin vacaciones, todo el dia a la intemperie llueva, a todo trapo y sin descanso), es gratificante. Gratificante porque no es como el trabajo que llevamos a cabo en las ciudades, en el que no olemos por ningun lado el producto de nuestro trabajo y nos vamos a la cama sin ver en que se han transformado esas 8 horas de alienación; sino que es un trabajo que ves recompensado al llevar los sacos de aceituna o almendra y recibir un dinero (que al fin y al cabo, es por lo que trabajamos nos guste o no). Quizá por lo que me atrae tanto este tipo de trabajo, al fin y al cabo, es su sinceridad; porque si alguien ha de hacerte saber algo, te lo dice de la manera a la que le han enseñado y punto, no hay espacio para las sonrisas hipócritas y las palabras embozadas; y así, al fin y al cabo, es como acaba construyendose comunidad, porque de la sinceridad nace la confianza que hace posible la concrección de “lo común”.  Y que demonios, uno se cansa con motivo, que hoy en dia es vergonzosa la cantidad de gente que sale a correr sin prisa y sin un lugar al que llegar solo para sentirse cansadxs porque los grilletes del capitalismo nos tiene encadenadxs a una silla de escritorio.

Este año será el primero en los ultimos cinco en el que no trabajaré en la campaña de la almendra. ¿El motivo? me ha salido trabajo en Madrid, y a pesar de que es un mejor trabajo, me da muchisimo más miedo que varear almendra. Retomando el hilo de lo que significa el día de hoy, su importancia radica en que hoy he pasado por mi primera entrevista de trabajo y a pesar de todo lo positivo que puede conllevar, no es una experiencia que le pueda desear a alguien. Desde luego, tener delante a una persona que no hace más que asentir bobamente, reir y preguntarte por tu vida personal; esperando a que termine la entrevista para que te pegue la estocada (porque conseguir un curro en una empresa-basura no es ninguna dicha) y aguantando a cuatro personas más deseando que la cagues para que ellxs pillen el puesto, pues como que no es muy halagüeño. Pero no queda ahí la cosa, para afrontar (con lo que ellxs llaman) “éxito” una entrevista de trabajo no basta con ser natural y sincero (que sería lo normal, vaya), sino que hay que aprender un montón de palabros vacíos de todo sentido (pero que en verdad esconden una realidad cuanto menos aterradora) como “asertividad”, “predisposición al trabajo”, “actitud positiva”, “mi perfil es el que mejor encaja en su oferta” [NOTA AL PIÉ: eso es una mentira como la catedral de Toledo, quien ofrece la fuerza de trabajo es el trabajador y no la empresa], palabros que se repiten una y otra vez en boca de cada unx de lxs candidatxs porque eso es lo que le gusta oir a la persona que entrevista: disfruta comprobando lo facil que pasamos por el aro para lograr el premio de la semiesclavitud, los horarios de mierda, la presion psicologica de sus risas de mierda, los compañerxs convertidxs en enemigxs…

Antes de cerrar el post, quisiera aclarar algunas cosas sobre el trabajo en el campo, porque me da la impresion de que transmito una imagen que no es. Si uso el ejemplo del trabajo rural es porque quiero contribuir a la superación de la idea de que el trabajo “de oficina” o intelectual es superior al trabajo “rural” o manual, pero lo que bajo ningun concepto quiero es idealizar son las condiciones de lxs jornalerxs. Creo que hablo con suficiente conocimiento de causa como para decir que es uno de los trabajos más sacrificados que pueden existir, ya que el imput de trabajo es enorme comparado con los beneficios que se obtienen hoy día. En el caso de la provincia de Almería, es paradigmatica y alarmante la situacion de las personas que trabajan “bajo plastico” en los invernaderos: no es raro encontrarse con personas que hoy, en la era postindustrial, siguen durmiendo en sus puestos de trabajo, trabajando por la comida, sin derecho a estar enfermxs, y en muchisimos casos, cobrando salarios que no sobrepasan los 400€ por tirarse todo el dia dobladxs recogiendo hortalizas. Reconozco que he tenido muchísima suerte de trabajar en las condiciones que he trabajado, y seguramente sea cosa de pequeñoburgúés el tener idealizado el campo.

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La facultad de marfil

Hoy es el día en el que nosotrxs, políticastrxs y leguleyxs universitarixs nos autocolocamos en la cumbre de la piramide de la superioridad moral porque hemos leido un par de libritos, vemos la sexta noche y creemos que sabemos cantidad de la vida porque vamos a la uni y no se, es superguay.
errehostiaAtención, pregunta retórica: si no nos atrevemos a bajar a las asambleas, si no sabemos lo que es un deshaucio, si no sabemos lo que se cuece en los barrios más deprimidos de las ciudades, y si en definitiva, vivimos en nuestra burbuja maravillosa de “Pagapapá”, ¿Cómo demonios esperais que la gente vote con aquello que identificamos como “interés de clase” (que tampoco conviene airear mucho porque eso son cosas de ideologías ancladas en el pasado)? Es más, ¿Había en estas elecciones alguna opción que representase esos “intereses de clase”? Obviamente que sí, estaban los representantes de la clase dominante (como iban a faltar, si son ellos mismos quienes diseñan el tablero y las reglas con las que se juega en el) y los representantes de la bisagra entre la clase dominante y la clase dominada, es decir, vuestro partido. El partido de la élite universitaria que no conoce la realidad de quien realmente mueve el mundo día tras día, haga frio, calor, diluvie o nieve a pesar de que regulará su vida diaria hasta dentro de 4 años.
El primer paso para superar una contradicción es reconocerla, y de verdad que no pasa nada. Si, somos PEQUEÑOBURGUESES, nos guste o no. No tenemos ni idea de que va la vida real, no sabemos lo que es levantarse a las 5:30 para ir a un trabajo de mierda en el que tendremos a un universitario con aires de grandeza supervisando y controlando todos y cada uno de nuestros movimientos para llegar a casa destrozado. Y nosotrxs, PEQUEÑOBURGUESES, nos creemos con la suficiente superioridad moral como para ir llamando a quienes nos mantienen con vida cosas como borregxs, paletxs o catetxs. Si de verdad quereis cambiar vuestra realidad más próxima, empapaos en ella y dejad de cargar contra quien la sufre.
No vale ahora con venir con bilis descontroladas porque no nos hayan hecho casito (a pesar de que hayamos hecho el ridiculo apelando a elementos básicos del franquismo más rancio o usando las gilipolleces más absurdas que he visto en la vida) quien nos mantiene con vida, 0 decir que la culpa de todo la tiene el hashtag ‪#‎SomosComunistas‬, la jodida huelga de hambre por Bódalo y los mitines con banderas republicanas y de la URSS. “Esos radicalismos restan votos” decís, pero eh, nada tiene que ver el haberlo confiado todo en un líder de los peor valorados -mientras paradojicamente en listas hay dos de los mejor vistos socialmente-, nada tiene el haberlo confiado todo en discursos amables mientras se desmoviliza la calle, nada tiene que ver el confiarlo todo en una volatibilidad líquida mediática mientras el PSOE sigue teniendo medio millón de afiliadxs que a golpe de pito siguen funcionando. En serio, bajaos de vuestra facultad de marfil y empecemos a hacer política de verdad, la que se hace todos y cada uno de los días de la vida; y dejaos de chorradas de pseudopolíticxs y postureos del palo de Coelho.
Cada día que pasa no se si nosotrxs, los politicxs universitarixs, somos salvables de cara al mañana. El daño que le estamos haciendo al movimiento popular es incalculable, y de veras que me da muchisimo miedo el panorama que nos espera con un grupo de estomagos agradecidos con los humos subidos esperando a que el mundo cambie sin tener ni idea de lo que está pasando en el mundo real.
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No es casualidad, estaba escrito en la historia (I)

Siempre me ha parecido una comunidad bastante graciosa esa que de unos años para acá ha venido a llamarse “precariado” (de precario más proletariado): gente relativamente joven con titulito y ganas de comerse el mundo de manera literal. Me hacen gracia porque son lo que de toda la vida se han llamado “señoritos”, pero ahora, con un 0,25% más de Marx. Suelen pulular de objetivo fotográfico en objetivo fotográfico diciendo que hace falta democracia, que han estudiado mucho, que han venido a inventar el movimiento juvenil, que lo hacen solxs (lo suelen reivindicar justo antes de las elecciones), y que en definitiva, quieren volver a 2008 sin más.

La cuestión principal en este asunto creo que reside en sus ganas de mostrar el título y dejar patente que por una especie de derecho divino ese título les habilita para dirigir la sociedad o al menos, no arrejuntarse con el “lumpen”. En verdad esto no es que lo haya inventado el precariado, esta cuestión es condición previa del precariado porque esta es una de las reglas de oro del capitalismo: pensar que con nuestro esfuerzo (el esfuerzo que supone obtener un título universitario, por ejemplo) podremos llegar a tenerlo todo (un carguito); cuando en realidad las cosas distan mucho de ello: en la universidad se nos insuflan los humos para pensar que sacando buenas notas podremos llegar a ser algo cuando en verdad nuestra condición social ha determinado el resto de nuestra vida en el tortuoso ciclo del capital muchísimo antes de pensar siquiera en la universidad. Es necesario comprender la importancia del “ciclo del capital” en la frase anterior porque es la condición de todo el resto de la frase: si no hay ciclo del capital, nuestras vidas no pueden ser decididas por alguien que no seamos nosotrxs.

Podríamos hablar del ciclo del capital como el propio capitalismo, es decir, un sistema de producción económico que determina nuestra vida, y por su carácter económico (entendiendo aquí “económico” como el modo en el que satisfacemos nuestras necesidades más básicas) determina el resto de nuestras vidas, de modo que el capitalismo genera o se complementa y actualiza otros conjuntos de elementos que determinan nuestras vidas, es decir, sistemas (lee esta entrada para saber más).

En el campo político, el capitalismo genera su propio modo de gobierno, esto es, la democracia (1). Hay que tener en cuenta la gran contradicción que alberga en sí mismo el término y que enlaza tan bien con el sistema ideológico del capitalismo: el gobierno del pueblo, ¡que irrisorio! ¿Pero irrisorio por qué? Se supone todxs somos el pueblo, iguales ante la comunidad y con mismas obligaciones, por lo que en teoría, en democracia todxs nos gobernamos; pero para que alguien gobierne tiene que haber alguien que sea gobernadx, si no, la figura del gobernante no tiene sentido ¿sobre quién gobernaría? Solo podría darse normas a sí mismo. Entonces para que haya democracia hace falta que alguien gobierne al pueblo, por lo que desde ese momento quien nos gobierna deja de ser pueblo porque deja de ser igual que nosotrxs: puede decir que está bien y que está mal, que podemos o que no podemos hacer, como tenemos que relacionarnos con nuestrxs iguales… Obviamente desde sus poltronas y bien alejadxs de lo que pueda pasar al pueblo que gobiernan.

No, no necesitamos más democracia, es más, hoy día existe un hermoso “exceso” de democracia, que te peguen en una manifestación porque estas alterando el orden democrático es lógico y coherente para un demócrata. Que te detengan por haber participado en una huelga es normal y democrático porque lxs demócratas que hacen las leyes dijeron que agarrarles de las solapas de la chaqueta estaba mal porque podían quitarles de su puesto de gobernante. Hoy en día la administración pública no hace nada porque le venga en gana, lo hace siguiendo unas leyes que dictaron unos gobernantes que no eran pueblo y que nunca bajo ningún concepto, podrán ser pueblo. La cuestión no es cambiar a quien haga las leyes, la cuestión es hacer que la gestión de los asuntos comunes sea hecha en común, es decir, comunismo. Nos sobran demócratas, democracias, leguleyxs, trepas y demás morralla, NO NECESITAMOS MÁS DEMOCRACIA, SINO MENOS.

En la próxima entrada, más y mejor.

(1) ejemplo de ello es la defensa a ultranza que se hacen desde los medios de comunicación, desde las tribunas y desde las aulas de la democracia, e incluso la gran carga ideológica que ha recibido la democracia por parte del capitalismo: se nos hace pensar en la dictadura como el único sistema político alternativo a la democracia. Pero la realidad es que hay más, muchísimos más.
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Montejurra: Crimen de Estado

Mucha gente piensa que el carlismo sigue siendo una ideología anacrónica, anclada en el siglo xix y que no ha tenido ningún tipo de relevancia en el siglo XX más allá de lxs requetés que apoyaron a Franco. Pero manteniéndose fiel a sus raíces foralistas y sociales, el carlismo ha tenido una importancia capital (pero silenciada) sobre ese proceso mal llamado transición en el que se quitó a un fascista con gorra de plato para poner a un fascista con corona a la cabeza del estado, cortando de raíz (y cuando digo de raiz es literal: la cantidad de asesinadxs por el fascismo y las fuerzas parapoliciales durante la transición no es ninguna tontería) todas las aspiraciones revolucionarias que se vieron ahogadas por la zarpa fascista.

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Ni olvido ni perdón. Imagen vía @Anarcocarlismo

La mal llamada transición recayó principalmente en tres figuras o pilares políticos: el primero, la unidad territorial del estado español, claro heredero de las tesis franquistas por las cuales había que mantener vivo el estado español costase lo que costase, negando cualquier proceso verdaderamente federalista “desde abajo” y el derecho a decidir de los pueblos. El segundo pilar es el referido al sostenimiento del modelo capitalista de producción, y en esta cuestión ha de contextualizarse la cuestión un poco más: durante los años 70, occidente pasaba por la “crisis del petróleo”, y el estado español no fue ninguna excepción. Los altos niveles de inflación hicieron que la oligarquía económica fraguase los denominados “pactos de la Moncloa” que atrajeron a organizaciones contestatarias de la talla del PCE, PSOE o CCOO. En este sentido se hace importante señalar que la CNT dado su peso histórico y militante por aquel entonces era una fuerza que traspasaba el marco sindical para convertirse en un actor político de primer orden (Martin Villa, ministro de gobernación, decía que lo que realmente le preocupaba era el movimiento libertario); lo cual pagaría con su propia sangre al negarse a firmar estos Pactos de la Moncloa. Más adelante explico la importancia de este apunte.

Por último, y volviendo a la enumeración de los pilares en los que se asentó la transición, nos encontramos con la figura de Juan Carlos de Borbón y Borbón, que había de sellar el pacto por el que la elite fascista pasaría a ser elite liberal porque necesitaba mantenerse en el poder para no perder los privilegios que el régimen de Franco le había otorgado. Este hombre había sido designado por Franco como su sucesor, y convenía a las elites mantener a una figura como la de Juan Carlos como garante de su estatus, que dotaba de “legitimidad histórica” y política al incipiente régimen, por lo que juró por dios y por los santos evangelios cumplir y hacer cumplir las leyes fundamentales cumpliendo lealtad a los principios que conforman el movimiento nacional que fundó Franco de la mano del fascismo.

He aquí donde entra en cuestión el movimiento carlista, que desde hacía ya un tiempo, desde Javier I (que participó activamente en la ressistence antifascista francesa, por lo que acabó en el campo de exterminio de Matzweiller)  el movimiento carlista se había alejado del fascismo tras el decreto de unificación de fuero, retomando sus raíces foralistas y sociales (intelectuales de la talla de Unamuno o Baroja se refieren al carlismo como el “Socialismo de alpargata”) enemigas del centralismo y la capitalización de los bienes de producción, elementos propios del fascismo. En torno a finales de los años 60, el movimiento carlista repunta de nuevo ante la más que probable elección de Juan Carlos como sucesor de Franco, llegando incluso a boicotear varios actos presididos por el “príncipe”. Por ello, y ante la peligrosidad que supone la figura de Javier I de Borbón-Parma y su hijo Carlos Hugo abanderando un movimiento antifranquista, Franco decide expulsar a toda la familia real carlista en 1968, exiliándose el pretendiente Carlos Hugo en Holanda. Una vez el camino limpio y claro hacia el trono, Franco nombra como sucesor a Juan Carlos de Borbón y Borbón, a titulo de rey.

Sin embargo, el movimiento carlista continúa, convirtiendo cada año la conmemoración de la batalla de Montejurra en un acto político que llega a convertirse en punto de encuentro de las fuerzas progresistas estatales, y participando en la creación de la Junta Democrática junto al PCE, CCOO o el PSP de Tierno Galván (¡Que reaccionarios y fascistas son los carlistas!), por lo que el movimiento carlista se configura en estos momentos como una grave amenaza para la supervivencia del régimen fascista y del que le va a suceder; y por ello, este nuevo régimen tendría como prioridad desmantelar el movimiento carlista, deslegitimándolo de cara a la gente.

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Ferran Lucas, de las CCOO de Catalunya, socorrido tras ser agredido por integrantes del bando sixtino.

Es aquí donde entra a jugar la OTAN y la CIA, y es cuando se hace necesario el volver a contextualizar. Años 70, crisis del petróleo y enorme avance de los movimientos rupturistas  a nivel europeo: en Portugal el régimen de Salazar esta en las ultimas y en el estado italiano se dan en esta época los anni di piombo (años de plomo) en los que la volatilidad de los gobiernos se traduce en una gran conflictividad social. En el estado español, más de lo mismo: Franco y su régimen agonizante dan sus últimos coletazos. En este contexto, era fácil que el sistema capitalista se viera fuertemente golpeado por los movimientos populares en la europa occidental, algo totalmente inaceptable para el capitalismo, que mantenía una dura pugna ideológica con el bloque comunista del este. Es en este contexto en el que comienza a actuar la denominada “Operación Gladio”, cuyo principal objetivo era el sostenimiento del estado imperante en cada rincón de la europa occidental principalmente a través de las operaciones de “falsa bandera”: es decir, mediante la financiación y dirección de la OTAN y la CIA los integrantes de la operación Gladio cometían un acto terrorista con la connivencia del aparato burocrático del estado en el que iban a operar, atentado del que luego culpaban a las organizaciones rupturistas. He aquí la importancia del apunte anterior sobre la CNT, porque la central anarcosindicalista fue un caso paradigmático de estas operaciones de “falsa bandera”: desde el denominado “Caso Scala” la CNT no ha vuelto a tener la importancia de la que gozaba, ya que mientras la justicia callaba, la prensa enjuiciaba al sindicato anarquista declarándola culpable de la muerte de cuatro trabajadorxs, quedando deslegitimada y perdiendo una gran cantidad de militantes dada la imagen creada de ella. Posteriormente, quedaría clara la implicación de la operación Gladio en estos hechos.

Es a través de este entramado neofascista creado por la OTAN y la CIA como el estado español desestabilizará el movimiento carlista en la procesión de Montejurra del año 1976; ya que detrás de lo que parecía un tiroteo desorganizado y lo que Fraga vendría a llamar “una riña entre hermanos”, había un apoyo logístico y de coordinación demasiado grande para lo que era el movimiento sixtino, un movimiento organizado por el propio gobierno de Arias Navarro que tenía como abanderado a un ultra de la talla de Sixto Enrique con filias muy claras al fascismo italiano y al régimen de Pinochet. Además, llama la atención que de la noche a la mañana se logre montar un movimiento de la talla del sixtino ya que ni siquiera el príncipe Sixto Enrique era conocido entre el movimiento carlista: es evidente que alguien lo aupó.

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Antifascismo militante: carlistas defendiendose de la agresión fascista en Montejurra ’76.

Ejemplos de este apoyo hacia la denominada “reconquista de Montejurra” por el bando sixtino provisto por el estado español son las cajas vacías de munición del ejercito vacías en la cumbre de Montejurra tras el tiroteo, el aislamiento que sufrió la localidad durante esos días (porque no convenía que tal operación quedase a la vista pública, incluso se desvió la “Vuelta Ciclista a españa” hasta Tafalla), la ausencia y actitud de la Guardia Civil en la cumbre de Montejurra (que para evitar que Carlos Hugo se mostrara públicamente en el mitin y que este mitin no se pasara de “rojo”  tradicionalmente se desplegaba un fuerte y agresivo contingente de Guardias Civiles) hacia la presencia de personas armadas allí, la presencia de individuxs integrantes de fuerzas de carácter fascista en el plano internacional del tamaño de la OAS o de la Alianza Anticomunista Argentina junto a un gran número de exmilitares y ex-guardias civiles; la protección por parte de la policía de la que se vio beneficiado Sixto Enrique tras los sucesos de Montejurra, ya que esta le acompaño hasta el mismo avión que habría de tomar para evitar ser juzgado por sus actos; la colaboración manifiesta del SECED (Servicio Central de Documentación, antecedente del CSID y que posteriormente pasaría a ser conocido como CNI) que facilito apoyo económico al bando sixtino; o la aprobación de este plan por parte de Manuel Fraga y el general Juan Valverde.

No voy a contar los hechos que sucedieron el propio dia 9 de mayo de 1976 porque considero que hay relatos lo suficientemente buenos como para que yo vuelva a exponerlos aquí mismo. Si a alguien les interesa, podeís leer este artículo del  E.K.A. (Euskalherriko Karlista Alderdia) en el que se recoge el informe hecho por el general Saenz de Santamaría en este enlace. También es muy recomendable este artículo del blog preS.O.S.

La mal llamada transición no fue ni mucho menos pacífica y modélica: se levantó sobre los charcos de sangre de mucha gente que se negaba a aceptar a Juan Carlos como sucesor, continuador y legitimador del régimen fascista impuesto por el general Franco, gente como Ricardo o Aniano que la historia oficialista se ha encargado de borrar de sus annales, limpiando sus manos de la sangre de víctimas inocentes cuyo delito no fue más que ser antifascistas en un tiempo y un lugar en el que serlo podía pagarse con la vida.

Sirvan estas líneas cómo pequeño homenaje a la memoria de Ricardo y Aniano, así como a la de todas aquellas personas a las que su vida fue arrebatada por luchar contra el fascismo y el liberalismo en todas sus formas y expresiones.

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La importancia de la ideología

Para comprender cualquier acto, discruso, conducta o en definitiva, cualquier manifestación no ya solo de lo politico, sino de lo social en su termino mas amplio, se hace necesario comprender y hablar de la “ideología”; pero no entendiendo la ideología en su concepto mas ampliamente difundido (como un conjunto de enunciados teóricos sobre como debería organizarse una sociedad); sino en un sentido muchísimo más amplio y del que pocas veces se habla.

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Detrás de cada mensaje publicitario hay un mensaje ideológico muy concreto.

En este sentido, la ideología puede ser definida como el conjunto de ideas, valores y percepciones que guian y determinan la actuación de las personas y los conjuntos de personas en todos y cada uno de los aspectos y espacios en los que se desenvuelvan. De esta definición, podemos extraer varias ideas que nos ayudarán a comprender este concepto. La ideología es ontológicamente un conjunto de “ideas, valores y percepciones”, es decir, se refiere a una serie de conceptos construidos socialmente y que son inmateriales, y que por lo tanto, varían de una sociedad a otra. No tenemos las mismas ideas, valores o percepciones la sociedad postindustrial que la sociedad de cazadores-recolectores del Xingú; en la que por ejemplo el beneficio individual no tiene cabida, mientras que una sociedad postindustrial el beneficio individual es una idea que vertebra casi por completo la sociedad. Estas ideas, valores o percepciones no son innatas al ser humano, sino que son construidas y establecidas por el “sistema político”. Pero, ¿Qué es un sistema político? Según  David Easton, este concepto se refiere a un conjunto de interacciones políticas, que están destinadas a la asignación imperativa de valores; es decir, que el prisma a través del cual contemplamos e interactuamos con el mundo que nos rodea, no es natural (no es innato al ser humano), sino que es una construcción hecha por la sociedad y que asimilamos (debería decirse más bien que nos es impuesta, pero no es impuesta en todo lo amplio del concepto porque no tenemos otro referente o modelo que elegir) a través de lo que conocemos como sistema político. En definitiva, podríamos reducir este concepto hacia el de educación, ya que de este modo es mucho más fácil comprenderlo: a través de la “educación” se nos inculca un conjunto de ideas, valores y percepciones a través de las cuales “conoceremos” el mundo que nos rodea.

Es debido a esto que el modo en el que vamos a actuar con respecto al mundo que nos rodea va a estar condicionado por la ideología. Lo que da forma al mundo que nos rodea (la materia) está dirigido y condicionado por la idea: es a partir de las ideas (nuestras ideas) como construimos nuestras relaciones, nuestro mundo, y en definitiva, absolutamente todo (y cuando digo absolutamente todo, es todo en toda la plenitud del concepto, más adelante lo explicaré). Estas ideas son la base de la ideología y debido a lo que nada es “ingenuo” o desideologizado, por ello la gran importancia de las ideas y la ideología en la política y en lo social en general. En abstracto, todo esto suena un poco caótico y desordenado, pero vamos a ver con una serie de ejemplos cómo la ideología rodea todo lo que nos rodea, incluyéndonos nosotrxs mismxs.

Un ejemplo de ello, y que siempre se expone cuando se va a hablar de ideología, son los programas que presentan los partidos políticos cuando se presentan a las elecciones. En ellos, vemos como en cuestiones tales como la regulación fiscal (los impuestos), las políticas sociales o cuestiones de seguridad están guiadas por presupuestos ideológicos, por ejemplo, si un partido tiene una ideología más socialdemócrata, tenderá a aumentar los impuestos para sostener el estado del bienestar, mientras que otro partido más liberal los reducirá para que pueda haber más dinero en circulación, beneficiando a las empresas. Hasta ahí todo muy convencional, pero aunque parezcan diametralmente impuestos ambos comparten una ideología muy concreta, que es muy difícil de etiquetar. Ambos partidos tienen como base el que tiene que ser una élite muy concreta la que ha de manejar el estado, y cómo “casualmente” van a ser ellxs mismxs esa élite, obviamente, no van a legislar o proponer algo que vaya contra sus propios intereses. Eso es ideología: ¿por qué asumen como base el que tiene que ser una élite quien gobierne el estado? ¿no deberían ser lxs trabajadorxs que hacen mover las industrias quienes decidieran sobre ellxs mismxs?

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La ideología determina nuestro comportamiento, pero no por ello es mala.

Otro ejemplo, para que veamos que todo y absolutamente todo está impregnado por la ideología, y que esta puede cambiar (y por qué cambia). Una cuestión tan sencilla como una barra de pan. El pan no tiene que ver nada con la política ni con lo social, es simplemente una barra de pan. Mi padre siempre vivió en “la sierra”, por lo que mi abuela hacía el pan allí, en un horno de leña con forma de huevo. Me cuenta mi padre que al pan solo le echaban harina, levadura y agua, y hacían tortas de pan enormes con una miga prieta que les llegaban a durar entre dos y tres semanas y que se conservaban tiernas durante todo ese tiempo (no se si es exageración de mi viejo, pero me contaba que con un par de puñados de ese pan unx ya se saciaba). Comparemos ese pan, que es el que se hacía en la gran mayoría de las tahonas de todos y cada uno de los pueblos de Andalucía antes de que fueran vaciados por el éxodo rural. Comparemos ese pan con el que podemos comprar hoy en día: es un pan flácido, que se endurece en cuestión de día y medio y está repleto de químicos. ¿Por qué? Porque el pan ya no se hornea para saciar el hambre, sino para obtener beneficios de él y debido a esto, se puede llegar a hacer cualquier cosa (Vease por ejemplo la comida basura); he aquí la ideología, antes había que hacer el pan para satisfacer el hambre de la gente y hoy en dia se hace para satisfacer el hambre de dinero de lxs empresarixs de la industria panificadora, la idea por la que se hacía el pan ha cambiado, la ideología ha cambiado.

Y al igual que con el pan o los impuestos pasa con absolutamente todo: no es casualidad que las mujeres sean consideradas como objetos de placer sexual para los hombres, no es casualidad que cuando una mujer es violada sea inculpada y señalada como responsable de la violación “porque iba provocando”, no es casualidad que se nos enseñe que hablamos “español” en vez de “Castellano”, no es casualidad que nos levantemos todos los días a una hora que no queremos para hacer algo que no queremos; no es casualidad que creamos que nuestro enemigo es nuestro igual; no es casualidad que en películas y series se nos presente un futuro apocalíptico tras la destrucción del estado por una catástrofe natural (Tampoco es casualidad que se le llame a estos hechos propios de la naturaleza “catástrofes”)…

Por todos estos motivos, es tan importante analizar desde este punto de vista la conducta de todos y cada uno de los actores que juegan un papel decisivo en todos y cada uno de los aspectos de nuestra vida; porque nada es neutral o normal, todo está fundamentado en el concepto “ideología” de una u otra manera; concretamente con la ideología de quien es capaz de perpetuar su postura ideológica: la clase dominante, más conocida como burguesía.

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HHH – Sin Dirección

La primera entrada del blog referente al tema musical me gustaría dedicarsela a esta canción de HHH (algunxs dicen que son las siglas de “Harina de Huesos Humanos”) en la que se habla de la reafirmacion de la identidad propia sobre las imposiciones que hace la sociedad. Unx puede estar en parte de acuerdo con lxs de Banyoles en que uno debe hacer lo que estime correcto más allá de lo que la presión grupal, llegando incluso a negarla, pero es precisamente en este punto donde empiezan a torcerse las cosas.

…Y vuelta a la eterna pregunta de siempre, ¿quien puede escoger que hacer o que no hacer?  ¿Es suficientemente libre unx trabajadorx para obviar los juicios de valor que haga su jefx? Creo que lo unico que tengo medio claro en este aspecto es que la “política identitaria” (entendiendo politica identitaria como uno de los ejes básicos de cualquier reivindicación que aspire a ser normalizada sin más) no deja de ser un impedimento más para conseguir un cambio material que nos permita ser realmente libres.

De todos modos, la canción me parece un pepino, y el mensaje tampoco me parece nada descabellado. Al fin y al cabo, la libertad radica en poder hacer lo que se estime conveniente sin más limite que la razón propia.

 

“¿Crees que nos importa ser el tema de tus burlas? Entramos aquí con la mente en blanco. No necesitamos tus aplausos. Podemos seguir sin ellos y sin tu ayuda interesada. Sí, así somos nosotros. No nos importa si te gusta. ¿Te molesta que no seamos como tú? Bueno tío, lo sentimos. No queremos doble personalidad. A la mierda tus mentiras. ¿Por qué hablas de honestidad si te aprovechas de todos? Eso no es lo que buscamos. No queremos ser como tú.”

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La lluvia

Estoy harto de que cada vez que empieza a llover, no hagan más que llegar a mí mensajes del tipo “ay, que bien, lluvia” o “me gusta ver llover desde mi cama”. Odio vuestro postureo post-romántico de lluvia desde la cama, ropa cara, bolsos de cuero, camisetas verdes y banderas de la República. Me juego lo que querais a que os asquearia tanto la lluvia hasta el punto de querer vivir en Atacama si tuvierais que tener que salir a patear las calles desde las 5:30 de la mañana una gelida, húmeda y vomitiva madrugada de diciembre.

La lluvia me pone depresivo, huraño y malhumorado; llamadme rancio o lo que querais; pero juro que no puede haber una sensación mas asquienta que la de tener que moverse estando mojado. Bueno no, que tener que trabajar estando mojado. La ropa se acorcha y no te deja mover; el pelo se te cala y se vuelve una maraña putrefacta que no te deja ver, y en el caso de que se tenga el pelo corto, despues de la lluvia se queda acartonado; las cosas y el suelo resbalan; empiezan a meter prisa y a exigir mayor rendimiento (más y en menos tiempo); sentir las gotas de lluvia caer sobre tu cara, tus manos, tu espalda y percibir como poco a poco se van abriendo paso entre las varias capas de ropa, hasta llegar a la piel y empezar a calentarse, hasta el punto de que parece que llevas una sauna a flor de piel que funciona a base de sudor y agua de lluvia; además de sentir el pataleo constante de las gotas sobre ti, y sobre todo lo que te rodea, como una especie de orquesta chirriante y desacompasada.

En fin, me quedo con las ganas de meterme más a fondo con vuestro postureo vomitivo-romanticón, pero es que esta lloviendo y me estoy poniendo demasiado depresivo. Voy a ver si encuentro alguna canción que me haga dormir y me enrollo dentro de mi armario; no quiero oír como llueve. Igual cuando despierte ha acabado.

“El agua pa quien la quiera. Yo quiero cerveza.”

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